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¿Qué son los cuartos de baño y cómo llegaron adentro de la casa?

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En la actualidad, es muy común pensar que siempre hemos contado con un espacio personal y privado donde aliviar nuestras necesidades fisiológicas de excretar y asearse, es decir, un baño donde orinar, defecar y bañarnos. Pero lo cierto es que el baño —donde seguramente estás leyendo esta nota— tiene poco más de 100 años de haberse generalizado dentro de las viviendas. Así como lo lees, los baños son un espacio muy reciente en nuestra historia.  

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Los baños en la Antigüedad 

Remontémonos a la Grecia clásica y la antigua Roma, es decir, unos 2500 años atrás, cuando el baño era una actividad comunitaria y una de las faenas diarias más comunes. Para ello, se destinaron, en las ciudades edificios y estructuras, desde las más simples a las más elaboradas, a las que asistían los ciudadanos no únicamente para asearse, sino para reunirse con amigos, hacer ejercicio o entablar conversaciones sobre los eventos del día.  

De cierta forma, los baños romanos se parecían a los “spas” modernos: tenían zonas de baños fríos y calientes, baños de vapor, saunas, salas de ejercicio y salones de relajación. Las excavaciones arqueológicas han dejado al descubierto estos espacios; uno de los más espectaculares son los baños o termas de Diocleciano, en Roma, que podía albergar hasta 3 mil bañistas 

Para limpiarse luego de defecar, las personas usaban una esponja que compartían en común… 

La idea de los baños públicos se extendió a todas partes alrededor del mar Mediterráneo, así como a regiones de Europa y África del Norte. Con la construcción de los acueductos, se tuvo la suficiente agua a disposición para usos domésticos, agrícolas, industriales y, por supuesto, para las actividades de ocio.  

Los baños en la Edad Media 

Avanzamos en el tiempo y llegamos a la Edad Media. Mucho se ha repetido y difundido en páginas y enlaces de divulgación sobre que, durante esta época, había una total falta de higiene y que prácticamente toda la gente apestaba, porque no se bañaba. Nada más falso.  

Si bien es cierto que los baños públicos fueron cerrándose poco a poco, esto se debió a una cuestión de salud pública, pues en ellos se llevaban a cabo actos de promiscuidad y prostitución, lo que provocó un serio aumento en las enfermedades. Pero no significó que la gente dejara de limpiarse el cuerpo de una manera drástica. En las casas, se siguieron usando tinas y demás recipientes para el aseo con agua, además se fomentó el uso de lejía, jabones y aceites. La limpieza, por lo general, se realizaba en la habitación donde se dormía.  

Baño medieval.

La letrina y la bacinica 

Bueno, pero ¿y cuándo querían ir al baño? Durante más de 3500 años, a la humanidad no se le ocurrió otra cosa que la letrina, que consiste en un asiento con un hoyo que da a una fosa profunda, a la que se le agrega tierra o cal para degradar lo allí depositado. Éstas se construían fuera de las casas, lo más alejadas posible para no padecer los olores cuando se hace uso de ellas.  

También hubo bacinicas en todas sus versiones posibles, que permitían a la gente orinar y defecar en ellas, para posteriormente arrojar los desperdicios en la letrina o en algún desagüe natural cercano. La nobleza poseía ejemplares de estos recipientes a los que les integraban una silla, una tapa y se fabricaban en oro, cerámica y porcelana. El resto de la población las elaboraba en madera o algún metal.  

Bacinica de la nobleza.

La llegada de los baños modernos 

Una vez que las ciudades se fueron dotando de drenaje y agua corriente, se hizo posible la confección de los primeros inodoros. Fue hacía 1596, en Inglaterra, que sir John Harrington, sobrino de la reina Isabel I, inventó el primer inodoro, que consistía en un artefacto que, a través de un tanque de agua, una válvula de descarga, un asiento y un desfogue al drenaje, conseguía confinar los olores y llevarse los desperdicios. El inodoro como lo conocemos en la actualidad es sólo una versión más sofisticada de este aparato.  

La consideración de un espacio dedicado al aseo, baño y evacuación de fluidos se desarrolló a finales del siglo XIX, principalmente en viviendas burguesas de Inglaterra y Estados Unidos. La evolución del diseño y la arquitectura, sumado a la producción en gran escala de enseres domésticos destinados a la higiene, así como el desarrollo de redes de distribución de drenaje y agua potable, permitió que eventualmente, todas las clases sociales contaran con un cuarto de baño doméstico 

Incluso hemos llegado a inventar maneras “rápidas” de destaparlos.

En los últimos años, hay una mayor disponibilidad de materiales, diseños y complementos que permiten personalizar estos espacios, de modo que adquieren sofisticadas características que van desde las tinas de hidromasaje y los sanitarios con control de temperatura hasta la conectividad tecnológica en el WC o la ducha para saber de nuestro estado físico y anímico. Ahora sí, ya que terminaste el artículo, puedes salir del baño.  

Por Gabriela Sánchez Ibarra 

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