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¿Qué son las novelas gráficas y cómo llegaron a la radio y televisión?

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“No me va a tragar la pobreza… Voy a hacer lo que tenga que hacer para estar bien”. ¿Te suena la frase? Casi seguro que la leíste con la voz de Teresa (interpretada por Angelique Boyer) y que ha sido parodiada en una infinidad de situaciones que impliquen una situación apremiante de carencia económica. La escena —como otras tantas cosas que inundan las redes— tiene un origen y, en este caso, su historia se remonta a las novelas gráficas surgidas hacia las décadas de los 30 y 40 del siglo pasado. Vamos a descubrir un poco de su historia.  

¿Qué es la novela gráfica?  

Antes de hablar sobre algunas de las principales novelas gráficas en México, tenemos que definir qué es: se trata de un formato de publicación con guion de una sola autoría, que contiene una historia única, donde se fusionan el dibujo y la narrativa. En cada novela gráfica hay una historia completa, con principio, clímax y desenlace, con personajes complejos que evolucionan a lo largo de la trama y temáticas que van más allá de los tradicionales superhéroes o aventuras infantiles. La novela gráfica ha compartido el lenguaje del cómic y la historieta, por lo que es común que se confunda y se le asigne el mismo término.  

Un recuento de la novela gráfica en el país  

En México, los relatos gráficos usualmente retrataban la cultura popular y se enfocaban en la creación de personajes con los que la gente se pudiera identificar. Hacia 1934, fue creado “Pepín”, publicación que fue el origen de las revistas “de monitos”, como se les empezó a llamar, y de donde habrían de surgir muchas de las historietas que se convertirían en grandes éxitos. Por esas mismas fechas, surgieron “Paquín”, “Paquito” y “Chamaco”, que se convertirían en un fenómeno cultural que llevaría a la lectura a millones de mexicanos que no tenían acceso a los libros.   

Portada de la novela gráfica Pepín. Fuente: Tebeosfera.

Ramón Valdiosera, autor de historietas y director de “Chamaco” en los años cuarenta, cuenta que la gente aprendió a leer para poder entender los “pepines”, nombre genérico que adquirieron las revistas, las cuales modificaron su formato y su periodicidad —de semanal a tres veces por semana o diaria—, dando paso a las historias seriadas que apremiaban a los lectores a esperar el siguiente capítulo.  

Las narraciones gráficas se convirtieron en parte de la educación de los mexicanos, en lectura necesaria y fundamental entre los estratos menos favorecidos de la sociedad, quienes día a día sumaron millones, aunque se les considerara un género menor. El gobierno favoreció a los editores de estas publicaciones porque promovieron un aumento asombroso del alfabetismo: en 1930, solamente 33 % de los mexicanos de más de seis años sabía leer y escribir; en 1970, el censo registró un aumento de 76 % y mucho de ello se debió a las novelas gráficas y las historietas.  

Del papel a la pantalla. El caso de Yolanda Vargas Dulché  

En 1943, fue el año en que vio la luz la historieta “Memín Pinguín”, un entrañable personaje cuyas historias estaban incluidas dentro de “Pepín”, el cual revolucionó la lectura en México, debido a la gran demanda de sus publicaciones. Memín fue concebido por la escritora Yolanda Vargas Dulché y era dibujado por Alberto Cabrera 

Portada: Memín Pinguïn.  Fuente: MéxicoDesconocido. 

Pero además de Memín, Yolanda fue la autora de una serie de narraciones cortas que se publicaron primero en el periódico “El Gráfico” y luego de manera editorial, con el nombre de “Lágrimas y risas”, puesto que las historias buscaban emocionar y conmover a los lectores a través de sus protagonistas, las cuales eran principalmente mujeres.  

A través de la Editorial Vid, propiedad de la escritora y su marido, Guillermo de la Parra, la gente conoció las historias de “María Isabel”, “Encrucijada”, “Rubí”, “El pecado de Oyuki”, “Sangre esclava”, “Gabriel y Gabriela”, “Carne de ébano”, “Yesenia y Alondra”. Tal fue el éxito de estos argumentos que los empresarios vieron la oportunidad de llevarlas a la radio y convertirlas en radionovelas. 

Con la llegada de la televisión, las historias cobraron vida con personajes de carne y hueso. Algunas novelas, como “Teresa”, cuya autoría es de la escritora Mimí Bechelani, han visto más de cuatro adaptaciones para la televisión y el cine (por ahí me cuentan que en YouTube puedes encontrar algunos capítulos, por si quieres saber de qué va).  

En su mejor época, que fue la década de los 50, la editorial publicaba cerca de 4 millones de copias mensuales, por lo que Vargas Dulché se convirtió en una de las escritoras más leídas en México.   

Aunque en la actualidad hay infinidad de publicaciones nacionales e internacionales de novelas gráficas, así como plataformas disponibles para su lectura, mucha gente sigue consumiendo el producto en papel, ya sea por economía o por simple nostalgia. En la Hemeroteca Nacional, puedes encontrar un gran catálogo de aquellas revistas que hicieron reír y llorar a nuestros antepasados.  

 

Por Gabriela Sánchez Ibarra 

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