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¿Qué hay detrás del “date a respetar”?

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Lo has oído, lo has dicho, te lo han enseñado o lo has repetido y no lo puedes negar. Sobre todo, si eres mujer, te han dicho la frase: “Date a respetar” aquí, “date a respetar” allá.  Aquí nos enfocaremos únicamente en las enseñanzas sociales para mujeres, pues a los varones no se les dice que deben darse a respetar, pero se les enseña a “hacerse valer” (dominar e imponerse) con frases como “los hombres no lloran”, “eso es de niñas”, “no seas nena”; sin embargo, no es el tema que vamos a tocar ahora, aunque esté relacionado. 

Las chicas del cable GIF
Y por el respeto. 

¿Qué es el respeto? 

La palabra respeto viene del latín respectus y significa “mirar atrás”, “volver a mirar”, “(re)considerar” o “miramiento”; es decir, darle una segunda mirada al otro para (re)valorarlo, no perder de vista su existencia y considerarlo como igual. Si tomamos en cuenta lo anterior, el respeto es algo que compartimos por ser iguales. Sin embargo, cada vez que le decimos a alguien que se “dé a respetar”, lo que le estamos enseñando es “haz lo necesario para que, al mirarte, te encuentren adecuada para tratarte como si valieras lo mismo”. Es decir, es totalmente contradictorio a su definición. 

Hablando específicamente de la educación a las niñas, adolescentes y mujeres, se nos inculca que, para merecer respeto, debemos ganarlo, como un premio a tu buen comportamiento… Buena chica, tenga su galleta.  

¿De dónde nace el “darse a respetar”? 

Surge de varias ideas, pero quedémonos con la de Flyorencee Kennedy, la cual denomina “la hostilidad vertical”, la cual parte de que estamos socialmente acomodados en escala, donde unos están arriba de otros. En este caso, las mujeres nos encontramos un escalón (o varios) por debajo, y para ser consideradas (casi) como iguales, debemos cumplir ciertas normas establecidas por el rango superior 

It's Not a Pyramid Scheme
Como en un esquema piramidal.  

Además, esta estructura infantiliza a las mujeres, ya que constantemente se les tiene que estar “educando” en lo que deben o no hacer, con las consecuencias y castigos de no obedecer, que pueden ir desde: “Nadie querrá presentarte a su mamá” hasta: “¿Qué hacía a las 3 de la mañana fuera de su casa? Se ganó lo que le pasó”. 

La “división social” de las mujeres  

Ya lo dijo tu tía y lo dijo Freud: en esta escalera social, habrá buenas y malas mujeres; “de alto valor” y “económicas” (pausa para vomitar… seguimos). ¡El famosísimo Madonna-Whore Complex! Así como se separa la basura, nuestra sociedad sigue dividiendo a las mujeres en vírgenes (decentes) y en pu%@5 (indecentes). Según esto, existen las que merecen ser admiradas y valoradas (porque son santas) y las que sólo son para un arranque de lujuria y desahogo sexual. Esta división deshumaniza a la mujer, ya sea convirtiéndola en objeto de alabanza o de deseo, pero en ambos casos sólo vale en la medida en la que el otro la conciba para su utilidad social, y no como persona en sí misma. 

Si has visto Euphoria, puedes recordar la larga lista de las cosas que le gustan a Nate Jacobs en una chica: que sea femenina, de cuello largo, hombros delgados, que no hable, se siente o camine como hombre, que huela a loción frutal y sin vello corporal, pero, sobre todo, que sea virgen (pero sexy). Por eso, Nate elige a Maddy y descarta inmediatamente a Cassie de inicio, porque la primera no había tenido relaciones y la segunda hasta había aparecido en unos videos. No es casualidad que en la escena en la que tienen sexo por primera vez, el personaje de Alexa Demie vista de blanco y esté sobre una cama con un velo que le da un aire virginal.   

¿Cómo cambiar esta situación? 

Cuando le decimos a una niña, joven o mujer que se dé a respetar, estamos fomentando la idea de que está devaluada hasta que demuestre lo contrario y la opinión de la sociedad (los hombres) la apruebe; por otro lado, se impone un control que permite culparla fácilmente de las violencias que viva por su desacato, desdibujando sus decisiones y callando su voz, ¡eso sí es irrespetuoso!  

No olvidemos que cuando las reglas sólo se aplican para algunas personas no se produce orden, sino opresión. Por eso, a partir de hoy, menos “date a respetar” y más “hazte oír”.  

 

Por Andrea Morán Rosales. 

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