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¿La maternidad se desea o sólo cumple un mandato social?

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En la actualidad, las mujeres se encuentran en un punto crucial de conocimiento sobre sus cuerpos y sus derechos, los cuales las hacen cuestionar las expectativas que la sociedad les ha impuesto por décadas. Entre ellas, la idea de que sólo hay plenitud y realización en la maternidad, en el hecho de ser madre. Por lo que cabría preguntarnos si la maternidad, entonces, es enteramente deseada o sólo es un mandato social a cumplir 

La cuestión biológica de la maternidad 

Históricamente se ha considerado que la mujer posee un carácter innato y biológico para ser madre e incluso, para ser “una buena madre”, lo que conlleva el cuidado, afecto, cariño, preocupación y atención hacia los hijos (cuestión analizada por Simone de Beauvoir en El segundo sexo). Bajo esta lógica, nacer mujer significa, implícitamente, ser madre en algún momento. Si una mujer decide salirse de este patrón y, más aún, expresarlo abiertamente, se entra en un grupo diferente de mujeres, aquellas que reniegan de lo que es “su naturaleza”. 

De Beauvoir fue una de las primeras teóricas feministas en cuestionar la “naturaleza materna” inherente a toda mujer. Fuente imagen: Wikipedia.

 

Lo cierto es que también se han hecho investigaciones sobre qué es lo “natural” de la mujer para tratar de descubrir qué rasgos o cualidades están determinadas por la biología y si el sexo tiene instintos específicos. De esto deriva que si bien la mujer tiene órganos reproductivos que le permiten embarazarse, nada se ha encontrado sobre el “instinto maternal”, al menos nada que no derive de una construcción social, producto de una época o situación determinada. No hay, entonces, cualidades “naturales”. 

Ante esta realidad es evidente que las características que se señalan como particulares e innatas a las mujeres, sean productos culturales y, entre ellas, esté el valor que se le otorga a la maternidad y a la actitud maternal. 

Los valores tradicionales de la maternidad: entre la religión y el patriarcado 

México, al ser un país que aún está ligado a la religión, la católica especialmente, mantiene los valores conservadores que forjan a la familia. La iglesia, de la mano del Estado y las instituciones, luchan por la preservación de la estructura familiar tradicional (una pareja heterosexual con hijos también heterosexuales). Se enfocan en desempeñar una función moralizadora al avalar el estereotipo de la madre, utilizando la maternidad como un dispositivo de control sobre el cuerpo de la mujer. 

Tan sólo en la CDMX, en 1949 fue inaugurado el Monumento a la madre, cuya simbolización es la de la fertilidad y el cuidado, atributos de la mujer que aún se exigen de ella. Fuente imagen: Mapio.net 

Aunque las mujeres hayan encontrado una realización plena en otro sentido, ya sea profesional, laboral, personal o en pareja, los cuestionamientos sociales, inducen a pensar en que, sin un hijo, la felicidad no está redondeada: “¿Para cuándo los hijos?”, “No sabrás lo que es el amor hasta no tener un hijo”, “¿Quién cuidará de ti en tu vejez?”.  

Éstas y otras afirmaciones e interrogantes ostentan a la maternidad como el non plus ultra de las mujeres, ya que no están completas hasta que se convierten en madres. Esta conceptualización occidental, con todo el peso del sistema patriarcal, recae en la mayoría de las mujeres: son ellas las que tiene el deber de procrear. Por esto las que no quieren tener hijos son más señaladas, juzgadas y cuestionadas.  

La infertilidad: una cualidad “en contra” del ideal de madre 

Capítulo aparte merecen aquellas que por sus condiciones biológicas no pueden engendrar, lo cual deriva en una desestimación doble: tu cuerpo no obedece a su mandato natural y no deseas lo suficiente cumplir con tu ciclo vital. Como menciona la psicoanalista Silvia Thubert: “La elevada valoración de la función reproductora tiene como contrapartida el horror de la esterilidad, considerada como equivalente de la sequía, de la falta de cosechas, de la castración, de la muerte”. 

Al estar en constante interacción con la idealización de ser “madre” y acentuar el arquetipo de “buena madre”, muchas mujeres no se detienen a reflexionar y analizar si en verdad desean ser madres o si, por el contrario, es una expectativa exterior que está arraigada en la construcción de la mujer. 

¿Qué pasaría si no hubiera presión cultural y social hacia la maternidad? Seguramente habría menos especialistas en reproducción asistida y mucho menos mujeres que se atormentan por no poder conseguir un embarazo. 

La maternidad: un proyecto deseado 

Los feminismos actuales permiten ver que la crianza de hijos e hijas debe ser un proyecto de padres y madres. Lo anterior rompe el paradigma de que ser mujer es igual a ser madre. De esta manera, por ejemplo, el instinto maternal, que se ha considerado como algo intrínseco a las mujeres, es vaciado de los constructos sociales y es despojado de todos los atributos morales por los que es conocido. 

La brillante escritora Rosario Castellanos nos decía que el género nos permite saber que hay otros modos de estar en el mundo y los feminismos entran en la lucha para reafirmar que no todas las mujeres debemos ser madres, como mencionaba De Beauvoir: “anatomía no es destino”. Por ende, no debe de existir una valía en torno a la maternidad, pues esta debería ser una decisión libre, autónoma y consiente que serviría, en todo caso, para garantizar con plenitud e integridad la felicidad de las mujeres. 

 

Por Gabriela Sánchez Ibarra 

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