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La hache es muda, pero bien que habla

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La hache es muda, pero bien que habla

Una duda constante de todos los hispanohablantes es por qué demonios tenemos una letra que no tiene sonido en nuestro alfabeto. La hache muda nos ha roto más de una vez la cabeza: ¿llevará o no llevará? ¿Al inicio? ¿Intermedia? ¿Al final…? Las preguntas anteriores siempre nos llevan a una, ¿para qué nos sirve tener una hache muda?

Primero un poco de historia

Alrededor del siglo XV el sonido de la h ya era bastante suave, por lo que comenzó a utilizarse más como un diacrítico que como la representación de un sonido.

Los primeros ejemplos de esto los encontramos en palabras como hueso o huevo, que etimológicamente no cuentan con una inicial. Es fácil darnos cuenta de esto cuando comparamos hueso con óseo, o huevo con ovoide, palabras que —respectivamente— comparten etimología.

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Conoce la historia completa de la hache en este enlace.

La presencia de esta la debemos al español antiguo, en el que la representaba tanto el sonido vocálico —que actualmente corresponde al sonido /u/— y la consonante /b/. Palabras que iniciaban con el diptongo ve generaban mucha confusión al momento de escribirse y leerse; imagínate que estás en la España medieval y te encuentras con la siguiente palabra en un texto: “veso”, ¿cómo la lees?

Para solucionar este problema se acordó que lo mejor era colocar una al inicio del diptongo para indicar que el sonido era vocálico y no consonántico. Fue entonces que las palabras que iniciaban con este diptongo comenzaron a escribirse así: hveso y hvevo.

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Para más información, encuéntranos aquí.

Después la grafía de la u, con esa curva tan característica, llegaría a nuestro alfabeto y la se mantendría en estas palabras por mera tradición, aunque ya no nos fuera útil.

¿Y de qué nos sirve actualmente?

Si bien muchas de las h que mantenemos en el español son etimológicas o tradicionales (como los ejemplos de esta nota), tenemos otras que sí que son útiles. Y es que ese uso del pasado continúa hasta nuestros días, y el ejemplo más claro radica en la diferencia de categorías gramaticales que una realiza:

  • ah – interjección
  • a – preposición
  • ha – verbo

  • eh – interjección
  • e – conjunción
  • he – verbo

Aunque en el habla no se refleja, al escribir y leer nos facilita la interpretación del texto. Podemos decir, entonces, que ese uso medieval —que es totalmente diacrítico—sigue siendo bastante útil hasta nuestros días.

Por Diego Fernando Vázquez

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