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Identidad mexicana: ¿charro, mariachi y tequila?

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Cuando pensamos en elementos representativos de México reconocidos a escala mundial, nos llegan a la mente los trajes de charro, los mariachis, el típico tequila y no pueden faltar nuestros ídolos del cine de oro: Pedro Infante y Jorge Negrete. Por una serie de circunstancias históricas, culturales, políticas y turísticas, a Jalisco se le ha relacionado con estas señas particulares de la identidad mexicana, cuyo origen revisaremos enseguida, pero antes debemos aclarar que los mariachis no son charros y que su vestimenta no está apegada totalmente a lo que se considera el traje de charro. Sin embargo, estas dos figuras están ligadas en el imaginario colectivo desde hace casi un siglo.  

Un poco de historia   

En la década de 1930 —cuando se habían terminado los conflictos armados tras la Revolución mexicana—, la clase dirigente tenía la necesidad de unir al país, que había quedado devastado por la guerra. Así, se empezaron a buscar símbolos nacionales que representaran lo mexicano y que exaltaran valores regionales, artesanías, trajes típicos, lenguaje popular, canciones y el pasado prehispánico.    

Poco a poco, los elementos característicos del centro y occidente de México, específicamente de la región tapatía, se impusieron como los modelos característicos de identificación nacional sobre los otros elementos que ofrecía el resto del país, ya fueran del norte o del sur.  

El cine: instrumento de fijación de la “mexicanidad” 

En la década de los veinte, el cine —que aún no tenía sonido— se sumó al intento por definir la identidad nacional y algunos integrantes de la Asociación Nacional de Charros incursionaron como productores, realizadores e incluso como actores en películas que mostraban escenas armoniosas del campo mexicano.  

Si pudiste distinguirlos, sabrás que éste es un charro y no un mariachi.

La llegada del sonido al cine, hacia 1930, extendió la posibilidad de explotar las canciones difundidas por el teatro y la radio. Fue a través de la pantalla grande que el mariachi —como intérprete de la canción bravía— se ligó al estereotipo del charro, del cual tomó sus características: la de ser cantor, enamorado, jugador, parrandero, dicharachero (buen platicador) y enamorado. El público quedó encantado con los modos de habla, así como con las canciones, dichos y albures que enaltecían “la esencia del mexicano”.  

Durante esta misma época, la charrería se había difundido en el ámbito popular urbano y el traje de charro se había impuesto en ámbitos que le eran ajenos. El gusto de los mariachis por el traje de charro despertó la molestia y el reclamo de algunas asociaciones charras que los acusaban de denigrar el atuendo, pero finalmente se impuso la costumbre y, con algunas variantes, el traje se quedó.  

El charro y el mariachi: representaciones de México 

De nuevo, el cine dio a conocer internacionalmente al mariachi, personaje imprescindible para acompañar a los protagonistas de las películas. Dos largometrajes fueron decisivos para que se consolidara uno de los géneros más provechosos de la industria, que fue la comedia ranchera: Allá en el rancho grande (1936) y ¡Ay, Jalisco, no te rajes! (1940), donde los elementos folclóricos de Jalisco se asumieron válidos para todo el país.     

A partir de entonces, las figuras del charro y del mariachi quedaron ligadas y encumbradas por encima de otras representativas de la mexicanidad. Así fue cómo el cine de charros proyectó a escala mundial la imagen de un México fuera de contexto temporal e histórico, aferrado a las tradiciones y al orden social y moral. Forjó también la imagen de un mexicano ligado al campo, heroico, que bebe tequila porque es el producto que nace de su tierra, y está dispuesto a demostrar su valentía y virilidad en todo momento.    

Una vez traspasado el ámbito del cine, algunos actores y cantantes hicieron carrera con base en el estereotipo que construyeron en las películas —como los ya mencionados Pedro Infante y Jorge Negrete—, además de Javier Solís, Luis Aguilar, José Alfredo Jiménez y, en los últimos, años Vicente Fernández y Antonio Aguilar.  

 

 

En años posteriores, otro tipo de música ocupó los espacios teatrales, musicales y dancísticos; de igual forma, concluyó la época del cine de comedia ranchera y las producciones cinematográficas se ocuparon de otros temas (que puedes consultar en esta nota). El mariachi, aunque con menor proyección, continúa siendo un elemento de identidad nacional, y sus promotores lograron que, en 2012, fuera reconocido por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, por reforzar el sentido de identidad y continuidad de sus comunidades portadoras en México y el extranjero.    

 Por: Gabriela Sánchez Ibarra 

 

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