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¿Existe la inclusión forzada o sólo no queremos ver ciertas cosas en pantalla?

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¡¿Qué?! ¿Qué le hicieron al hada azul de Pinocho? ¿Por qué incluyeron un beso de madres lesbianas en Lightyear? ¡Están matando los clásicos! ¡Ambas son víctimas de la inclusión forzada!

El caso de inclusión forzada en Lightyear 

Hace unos días se estrenó en los cines Lightyear, la película de Disney que recupera al emblemático juguete de acción de la saga Toy Story. En este spin-off vemos cómo se construye al personaje del guardián espacial Buzz Lightyear. Pero lejos de suscitar nostalgia generalizada en la audiencia, hubo indignación y hasta prohibición de su estreno en algunos países debido a la escena del beso lésbico entre dos personajes que son madres. 

Lightyear escena de beso
Fuente imagen: Publimetro  

En algunos casos, como el de un cine en Guatemala, se llega a leer en un letrero la sinopsis de la película y hasta una advertencia de que el filme contiene “escenas de ideología de género”. Como era de esperar, en redes ha habido publicaciones y comentarios que reclaman a Disney haber hecho una “inclusión forzada” del beso.  

¿Qué es inclusión forzada?  

La UNESCO estableció que la “inclusión” es   

un enfoque que responde de manera positiva a la diversidad de las personas y a las diferencias individuales para el enriquecimiento de la sociedad a través de la activa participación en todos los procesos sociales y culturales de personas de toda etnia, color, raza, orientación sexual, género, edad, aspecto y creencia. 

Aunque el concepto “inclusión” comenzó utilizándose en Economía, luego fue adoptado por la Pedagogía para hablar de la enseñanza al alcance a todos, independientemente de las diferencias personales y de su comunidad. Sin embargo, cuando se trata del mundo del entretenimiento, no parece tan unificador y solidario, pues desde que Hollywood ha hecho modificaciones a sus políticas inclusivas, se ha hablado de esto como algo negativo.  

Sirenita Halle Bailey
Fuente imagen: Almomento. 

De esta manera, la “inclusión forzada” en pantalla se interpreta como el cambio de las características de personajes conocidos para incorporar una narrativa más diversa aunque la historia no cumpla con las expectativas ni lo justifique. Básicamente, se alega el sacrificio de la historia por apegarse a la corrección política y por cubrir una cuota sin prestar atención al arte. Esto lo hemos escuchado con La Sirenita de Halle Bailey por su color de piel; con la escena de las heroínas de Marvel en Avengers: Endgame por ser una alusión a la sorora lucha feminista; y con la bisexualidad de Loki en su serie homónima, por poner algunos ejemplos de polémicas inclusiones.   

¿Inclusión forzada o exclusión forzosa?  

Hagamos un poco de historia y recordemos que desde los inicios del cine con las primeras proyecciones de los hermanos Lumière en 1895 en París, el celuloide ha sido un negocio de arte y entretenimiento, y todas las producciones iban dirigidas a un grupo especifico de espectadores: aquellos que podían pagar por verlas. La sociedad privilegiada que tenía acceso a la novedosa fuente de diversión era la única representada en pantalla: personas blancas, heterosexuales, cisgénero, apegados a los canones de belleza eurotípicos, sin neurodivergencias, ni discapacidades y con color, idioma y creencias afines a la clase dominante 

Por otro lado, no sólo se trataba de dar preferencia a la mayoría pudiente, sino de excluir a las minorías; la misma censura orillaba a las productoras a elegir protagonistas caucásicos de rasgos europeos que representaban los valores de la época y a prohibir a minorías de cualquier orientación que no fuera la “correcta”. Gays, lesbianas, transexuales y cualquier representación que no fuera heterosexual cisgénero, era borrada.  

Con el tiempo, se empezaron a meter personajes de diversidad sexual, corporal, racial y étnica, pero sólo como otra forma de opresión, pues ahora eran puestos en pantalla desde los arquetipos que la sociedad dominante tenía: gente de color inculta y sumisa o ruidosa y violenta; gays caricaturizados y pervertidos; gordos que no paran de comer y son siempre graciosos; latinos flojos y alegres; y de la comunidad trans ni hablar, eran, con suerte, sólo un mal chiste 

El cambio de las representaciones en el cine: whitewashing y blackfacing 

Para mediados del siglo XX, la “representación” de las minorías era todo, menos inclusiva; nadie quería identificarse con la amiga gorda o el mejor amigo gay de la protagonista. Nos hemos creído que para que un hada sea hermosa, debe ser blanca, delgada, de rubia cabellera y brevísima cintura como la imaginó un hombre hace más de 80 años. Sólo las mucamas, escuderos, damas de compañía, esclavos, sirvientes, los villanos y las brujas podían ser diferentes a la “normal”, pues nos acostumbramos tanto a la exclusión que le llamamos normalidad. 

Amor sin barreras y de Una guerra de película

De hecho, durante años se ha hecho blackfacing (maquillar a una persona caucásica de tonos oscuros para representar personas de color —POC—) y whitewashing (poner a un actor caucásico a representar a alguien de otra raza, modificando su acento y vestimenta) sin que haya mucho escándalo y se tache de “exagerados” a quién señale lo racista de esa práctica.  

Desde Natalie Wood haciendo a María en Amor sin Barreras (chica de origen puertorriqueño) en 1961, hasta Johnny Depp como Toro en El Llanero Solitario de 2013 y Emma Stone en Aloha como una chica hawaiiana en 2015, tenemos miles de ejemplos de “blanqueamiento de pantalla”, pero un Hada Azul —un ser imaginario sin fenotipo definido— sin rasgos arios o un beso lésbico, sí es tema de discusión.  

Memes inclusion forzada
Fuente: Memes comunistas para gente blanca de la burguesía. 

¿Por qué ahora se toca el tema de la inclusión forzada?  

Algunos dirán que esto lo hacen las productoras sólo por dinero y la respuesta es , como también la exclusión fue negocio durante años; pero reivindicar la industria no está mal. Habrá quien diga que es innecesario, que destruye los clásicos y de que su infancia es atacada; sin embargo, es más importante mejorar el futuro de las infancias representadas que preservar el recuerdo de un pasado sesgado. Hay que aceptarlo: las cosas están cambiando y está bien. 

¿Por qué la inclusión es necesaria?  

La respuesta es muy sencilla: Porque el mundo es diverso; los humanos venimos en todos colores, tamaños y orientaciones, y todos merecemos sentirnos representados y dignos de un protagónico. Superhéroes latinos, princesas lesbianas, guerreros gays, científicas trans, protagonistas sordos y heroínas con muletas, entre miles de opciones que representan una realidad donde todos existimos. No hay multiverso más diverso que la realidad y si un niño puede entender que un coche hable, un adulto puede aceptar que Cynthia Erivo sea un hada.   

 

Por Andrea Morán  

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