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¿En verdad sabes a dónde va la basura que generamos?

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Nuestro país, enfrenta una crisis ante la gran cantidad de basura que se genera y la poca o nula cultura de reciclaje que existe, lo cual, deriva en la escasa reutilización de desechos y en su consecuente acumulación. En México, de acuerdo con los datos del último censo, se recolectan más de 107 mil toneladas de basura al día; es decir, cada persona genera cerca de un kilo de basura cada 24 horas, principalmente en viviendas, vía pública, parques y edificios. Esta basura que generamos es parte del engranaje que lleva a la contaminación medioambiental generada en gran medida por los patrones de consumo de las grandes ciudades. Conoce aquí su ruta. 

 Esto no es en México, pero puede ocurrir gracias a la densidad de basura que hay en el mundo.

La basura generada y la densidad de población  

El crecimiento de la población, el desarrollo económico y la voraz urbanización son factores que ocasionan la generación de desechos en el mundo. El Banco Mundial estima que de no tomarse medidas urgentes, para 2050 los más de dos mil millones de toneladas de basura que se generan al año en el mundo, aumentarán hasta 70 % (y a eso hay que sumar los efectos de la pandemia). 

Se cree que la basura es todo lo que ya no nos es útil, y que en consecuencia va a parar a los botes de basura: la manzana a medio comer, las latas de refresco, los empaques de pan, la lista resulta interminable, ya que cualquier cosa que no sirve y que se coloca en un contenedor asignado para ese fin, parece situarnos como ciudadanos responsables. Sin embargo, el problema de la basura no termina cuando el servicio de limpia se la lleva, lo que sucede en ese momento es que empieza una cadena de desperdicios de la que poco se sabe; simplemente, ya no percibimos el mal olor ni vemos la basura, pero ésta solo pasa de un lugar a otro. 

La ruta de la basura que generamos 

En el caso de la Ciudad de México, 68 % de la basura recolectada termina en uno de los cinco rellenos sanitarios que existen, cuatro de ellos se ubican en el Estado de México y uno en Morelos. En un inicio, los tiraderos de basura a cielo abierto fueron buscados con características acordes a ese fin, es decir, en un principio se asignaron grandes terrenos despoblados para rellenos sanitarios; sin embargo, la población de la Ciudad de México y la zona conurbada se ha extendido tanto que ahora los tiraderos de basura están dentro de la urbe; y la mala gestión de residuos ha generado problemas para la salud humana, la seguridad y el medioambiente: nuestra huella ambiental. 

Algo semejante a lo que sucede en la Ciudad de México —que “saca” la basura de su territorio— pasa en el mundo. Los países desarrollados envían su basura a países en vías de desarrollo quienes ofrecen mano de obra barata para separar los residuos. Hasta hace cinco años, China era considerado “el basurero del mundo”, pues a ese país llegaba la mayor parte de los contenedores de basura de los países industrializados; a partir de una política implementada en el país asiático para restringir la importación de basura, China cedió ese mote a Malasia 

Aunque representan menos de 20 % de la población mundial, los países desarrollados generan cerca de 35 % de los residuos del mundo. La composición de los residuos reflejan patrones de consumo de cada región. Veamos los siguientes.  

  • Países desarrollados: generan más de 50 % de residuos de metal, vidrio, cartón, papel o plásticos; y aproximadamente 32 % de residuos orgánicos. 
  • Países menos desarrollados: los países menos desarrollados generan más de 50% de residuos alimentarios, dato que aumenta a medida que disminuyen los ingresos. En los países de bajos ingresos, los materiales que podrían reciclarse no superan el 20 % de los residuos. 
¿Qué culpa tienen otras especies por nuestro desperdicio?

En el planeta, el mayor porcentaje de los residuos terminan en un tipo de vertedero: más de 30 % de los residuos tienen como destino final el vertido a cielo abierto, mientras que un 11% es incinerado para su eliminación final. Los porcentajes cambian drásticamente si nos concentramos en los países de bajos ingresos, los cuales generalmente dependen de los rellenos sanitarios, con un 93 % de los residuos vertidos a cielo abierto; en contraste al 2 % que representa esta práctica para los países desarrollados. Los países con mayores ingresos tienen la capacidad de reciclar y compostar aproximadamente un 40 % de sus residuos; mientras que 22 % de ellos son incinerados. Un caso particular ocupan Noruega, Islandia y Suecia, quienes importan basura previamente clasificada para producir energía eléctrica y para calefacción.  

¿Hay acciones posibles para cambiar el panorama?  

La población poco a poco se vuelve más consciente de a dónde va a parar la basura; ya sea porque vio cómo una tortuga marina lleva atascado un popote en la nariz o porque la campaña “sin popote está bien” ha dado resultado.   

En este sentido, y como muestran los datos expuestos, la basura es un problema que nos ha rebasado debido a la falta de capacidad de organización y comunicación para detener su generación; por ello cabe reflexionar sobre las prácticas de consumo, de modo que la pregunta: “¿a dónde va la basura?” dé un giro a “¿por qué producimos tanta basura?”, “¿podríamos aprovechar lo que suponemos ya no nos sirve?”. 

 

Por: Gabriela Sánchez Figueroa 

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